Pagá con
Inmediatamente alguien en la sala dice una frase que muchas madres conocen demasiado bien: "Te está usando de chupete".
Y ahí te entran dudas.
¿Será que sigue con hambre?
¿Tendré poca leche?
¿Lo estaré mal acostumbrando?
¿Debería sacarlo del pecho?
Vivimos en un mundo adultocéntrico, donde se espera que los bebés estén en silencio, “sin molestar”. Pero el recién nacido tiene necesidades muy diferentes a las de los adultos.
Durante meses estuvo contenido, calentito, escuchando una voz y un corazón que le resultaban familiares. De repente todo da un giro de 180°. Hay luces, sonidos, hambre, frío y sensaciones desconocidas.
Frente a tantos cambios, el pecho se convierte en mucho más que una fuente de alimento. Allí encuentra un olor conocido, calor, contacto, contención y calma.
No siempre busca el pecho porque tiene hambre.
Además de la succión nutritiva, realiza otro tipo de succión a la que denominamos afectiva. Esta forma de vincularse es completamente normal y le permite regular sus emociones, relajarse y sentirse seguro.
Para un bebé pequeño, mamar puede ser tan reconfortante como un abrazo para un adulto en un momento difícil.
La necesidad de succionar para encontrar calma forma parte de la biología de los recién nacidos. Es inevitable. Y el pecho de mamá es el lugar perfecto para un bebé.
Pero, ¿qué pasa cuando estás agotada de poner el cuerpo? Porque también sucede.
Mientras el bebé encuentra consuelo, muchas madres atraviesan horas de cansancio acumulado, sueño interrumpido y la sensación de no tener un minuto para ellas mismas. Y ese agotamiento también es real.
Cuando la lactancia está establecida y el bebé está creciendo adecuadamente, existen distintas herramientas que pueden ayudar: el porteo, el movimiento, el contacto con otros cuidadores, los paseos en brazos o, en algunas familias, el uso del chupete si así lo desean.
No hay una única respuesta válida para todos.
Lo importante es entender que las necesidades del bebé y las de la madre son igual de importantes.
Porque detrás de ese bebé que parece “vivir prendido al pecho” no hay manipulación ni capricho. Hay un ser humano pequeño intentando adaptarse al mundo de la única manera que sabe.
Y detrás de ese pecho tampoco hay una máquina de alimentar. Hay una madre que ama, sostiene, acompaña y muchas veces está cansada.
En resumen, podés tener a tu bebé prendido al pecho todo el tiempo que ambos deseen. No hay nada malo en vos, en tu leche ni en tu bebé. Solo es la naturaleza expresándose como lo viene haciendo hace miles de años.